Era una academia de ilustración, quizá una más de todas las que había visitado ya, pero diferente. Cuando abrí ese librito rojo empecé a soñar con estar allí. Un lugar en el que despertaras para ponerte a pintar, comieras para poder seguir dibujando y durmieras para soñar cosas que diseñar. A todo el mundo le hablaba del maravilloso lugar que había descubierto... y lo describía como el "Howards del arte", en vez de la escuela de magia. (Bueno, en realidad sí la veo como una Academia de magia)
Me encantaba entrar en la página y ver las fotos de los alumnos recibiendo clase.
Gente de todas partes y todas las edades.
Uno de los trabajos que envié.
El poster de una obra de teatro de mi amigo Kerim.
Me voy dentro de dos semanas.

















